La Fred. Olsen Tenerife Bluetrail se ha convertido después de una década en un ejemplo de sostenibilidad. A sus ya conocidos atractivos, como el hecho de ser la carrera más alta de España y de las pocas que atraviesa un Patrimonio de la Humanidad, se suma su apuesta por el medio ambiente y por la salvaguarda del frágil territorio por donde discurre. Entre ellos destacan especialmente las modificaciones de los recorridos para atender las directrices de los técnicos del Parque Nacional del Teide.

Respetar la capacidad de carga de cada uno de los espacios del Parque por los que atraviesa la prueba y compatibilizarla con la seguridad han sido dos objetivos irrenunciables para la dirección de la carrera, que desde su nacimiento hace 10 años apostó por limitar el número de participantes cuando nadie lo hacía para respetar el entorno tan sensible por el que pasa, una limitación que también la hace exclusiva.
Todas las modificaciones realizadas en el recorrido han estado motivadas por la necesidad de salvaguardar espacios de especial protección, que podrían sufrir algún tipo de degradación por el paso de los corredores.

Durante la década de vida de la Fred. Olsen Tenerife Bluetrail se han llevado a cabo otras medidas para fomentar la sostenibilidad de la prueba como la instalación de bidones selectivos en los avituallamientos para recoger los desechos producidos por la carrera; bolsas de tela para los corredores; los bastones con punta de goma para atravesar el Parque Nacional del Teide; la exigencia de que los geles y barritas energéticas de los participantes estén identificados con el dorsal para evitar que se tiren al suelo ya que suponen la descalificación inmediata del participante o la obligación de los corredores a llevar sus propios vasos para no generar este tipo de desechos en los avituallamientos, entre otras medidas.

La organización de la prueba sigue también las directrices de la ‘Guía de buenas prácticas para el desarrollo de carreras por montaña en espacios protegidos’ y, para evitar los desplazamientos individuales, se habilita transporte colectivo hasta el lugar de inicio de la carrera. En la última edición más de 1.400 participantes utilizaron este servicio.
Otro de los hitos sostenibles de la carrera es la inclusión de los denominados ‘árbitros ambientales’, que comprueban exhaustivamente el correcto estado de los senderos que recorren los deportistas una vez finalizada la carrera desde el punto de vista de limpieza de materiales y de degradación del medio.

En 2012 se realizó un estudio de huella cero de la prueba, que se compensó posteriormente con la reforestación del equivalente en metros cuadrados. El año pasado se llevaron a cabo acciones de limpieza del litoral en la costa del Porís y en cada una de las ediciones de la prueba se trabaja para disminuir la utilización de plásticos en la línea de las ‘3 R’: reducir, reutilizar y reciclar’.

Para la edición de 2020, que se celebrará el próximo día 6 de junio, la organización de la carrera trabaja ya en nuevas medidas para fomentar la sostenibilidad, un objetivo que se ha convertido en irrenunciable para una de las pruebas más carismáticas del panorama trail europeo.

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