Participaron vehículos fabricados entre 1935 y 1973
La XXII Clásica Tenerife congregó el pasado fin de semana a un centenar de históricas monturas del automovilismo canario, con coches fabricados desde 1935 hasta 1973 que participaron en un rally de regularidad y turismo, acompañados por otros más modernos dentro de la especialidad de tributo, que lucieron todo su esplendor por las carreteras del norte y oeste de la isla de Tenerife, tras la salida el viernes desde el parque García Sanabria de la capital tinerfeña, donde también se organizó la llegada del domingo y la posterior entrega de trofeos.
Tanto en la salida como en la llegada estuvo presente Yolanda Moliné, consejera de Deportes del Cabildo de Tenerife, mostrando así su respaldo a una prueba considerada la mejor de España en su especialidad, como así corroboraron Raúl Aranda y Rafael Fernández, presidente y vicepresidente de la FEVA (Federación Española de Vehículos Antiguos), quienes además participaron por primera vez en la competición, con un excelente segundo puesto, solo superados por David Liceras y Ainhoa Ayarra, ambos con coches cedidos por propietarios tinerfeños.
La XXII Clásica Tenerife contó con el apoyo del Cabildo a través de Ideco ycon sus campañas ‘Tenerife, despierta emociones’ y “DXT’, fiel reflejo de que se trata de una prueba que aúna turismo y deporte, con lo que ello significa para la promoción de la isla a través de su patrimonio natural y cultural. Los vehículos partieron desde Santa Cruz a los Cristianos, pasando por el monumento natural de los montes de Anaga, los cascos históricos de La Orotava o Garachico y el paisaje de medianías y monte desde Valle Guerra hasta Adeje, antes de embarcar hacia La Palma, por primera vez, y regresar el domingo por el sur hasta la capital tinerfeña.
Muchos aficionados se acercaron al parque García Sanabria para apreciar la belleza de los coches de época y departir con los pilotos y navegantes, en donde la veteranía comienza a dar paso a la juventud, cada día más implicada en mantener vivo el espíritu de la Clásica, que no es otro que mantener en perfecto uso estas joyas automovilísticas de hace más de cincuenta años y tratar de impedir que salgan fuera de la Isla, algo por lo que se apuesta también desde el Cabildo, sabedor del gran la patrimonio que estos históricos coches representan para Tenerife.